¿De dónde parte EL PATIO?
A principios de 1998, ante las emergentes situaciones relacionadas con la juventud y la violencia que se vivían en algunos centros educativos y espacios sociales, empieza a surgir una gran preocupación en la sociedad canaria ante este nuevo fenómeno. El Gobierno de Canarias a través de la Dirección General de Juventud lidera el abordaje de las distintas situaciones de lo que en aquel momento se denominó “violencia juvenil” poniendo en marcha un proceso interinstitucional de búsqueda de soluciones, celebrando una mesa institucional y varias acciones formativas y de análisis entre 1998 y 2000.
Uno de esos análisis planteaba que la violencia y su relación con los jóvenes era una consecuencia con origen multicausal y que por lo tanto un abordaje específico tendría un resultado limitado, mientras que si se partía de esta situación para trabajar sobre las causas que tenían sus raíces en los múltiples y rápidos cambios habidos en la sociedad canaria, no sólo se abordaría la misma sino que se tendría una incidencia directa sobre otras posibles consecuencias en forma de necesidad o problema.
De tal forma, y siguiendo esta premisa, desde la Dirección General de Juventud comienza a gestarse un proceso encaminado a la puesta en marcha de nuevas formas de trabajo con y desde los jóvenes en el ámbito comunitario, tomando la calle y los centros educativos como fundamentales espacios de trabajo para generar dinámicas de transformación comunitaria desde la relación, el encuentro y la participación que tuviera un carácter preventivo y promocional con una perspectiva inespecífica de la intervención, facilitando así el abordaje de múltiples causas y también consecuencias y siguiendo lo que muy bien simplifica el proverbio africano: “Hace falta toda una aldea para educar a un niño”.
Así, en el año 2001 ante la reciente creación de la Fundación Canaria Ideo, comienza a desarrollarse desde la Dirección General de Juventud un proceso de trabajo con la denominación de EL PATIO. “Los centros educativos como recurso comunitario”, dinamizado desde un grupo de trabajo, que generase un marco de alternativas a través de la puesta en marcha de experiencias piloto que fuese creciendo dentro de un proceso que respondiese a las distintas situaciones, el cual sirviese de referencia para las administraciones.




